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¿CRIMEN O DESTINO? - RELATO CORTO 99

Posted by criscarmona on 8:35
A veces pienso que no vale la pena dar la cara... simplemente hay que cometer el crimen y huir de todo, intentar escapar para que nadie te señale con el dedo y te diga que has sido culpable por haber matado a alguien... pero y si ese alguien ha muerto de amor, ¿cómo puedes explicarle a alguien que se ha muerto de amor?Es imposible dar una respuesta y que sea creíble y que a su vez sea razonable... no creo que valga la pena, pues tal vez se lo merecía... tal vez lo merezca yo...
Todavía recuerdo aquel instante, aquel segundo en el que seguía viva y sus ojos me miraron fijamente para darme el último adiós... No puedo sacarme de la cabeza aquel maldito día en el que ella me dijo adiós para siempre... Por las noches hay veces que me parece oírla, es como si sintiera su presencia cerca de mi, percibo su fragancia y entonces me vuelvo loco porque desearía con todas mis fuerzas poder estrecharla con mis brazos, pero ella no está y no puedo besarla porque sus labios no existen... entonces lloro y temo que algún día esta sensación se borre para siempre y ella quede sepultada en mis recuerdos.
Fue una noche de invierno, no recuerdo muy bien si era verdaderamente en invierno pero si me acuerdo de que hacía mucho frío. El cielo parecía una gran masa de hielo grisáceo y apenas se podía ver la carretera a causa de la maldita niebla que se forma a la madrugada.Conducía mi viejo Mustang con rumbo hacia ninguna parte, no sabía a donde ir, simplemente me apetecía seguir la carretera y estar solo... sin nadie. Por la radio alguien hablaba e iba presentando una a una las canciones del nuevo recopilatorio de Bauhaus, esto me puso de buen humor. Creo que Murphy fue un genio. Vi un letrero a lo lejos, no recuerdo lo que ponía pero me llamó la atención. Era de un bar, así que decidí entrar a tomarme una copa. Un par de tipos estaban sentados en una mesa llena de botellas de cerveza y parecían estar manteniendo una conversación bastante interesante. La camarera estaba sentada en la barra fumando un cigarrillo y charlando con un tipo que lucía una larga cabellera color miel. Cuando me acerqué a la barra para pedir una cerveza el tipo que hablaba con la camarera me lanzó una mirada un tanto brusca.La camarera me sirvió mi cerveza y siguió hablando con aquel tipo. Yo me quedé sentado en la barra esperando a que sucediera algo... Creo que entré en el bar porque sabía que allí iba a suceder alguna cosa. Pero las horas fueron pasando y amaneció, el bar se quedó vacío y salí de allí con un ligero colocón y oliendo a cigarrillos de hierbas aromáticas.
Volví a subir a mi coche y seguí conduciendo, no se las horas que estuve al volante sin parar, sin ni siquiera observar mi alrededor para saber por donde iba. Cuando finalmente llegué a un pueblecito llamado Missing Mile. Pasé por una calle bastante grande en la que había infinidad de pequeñas tiendas que vendían de todo, pero solo hubo una que me llamó la atención. Era la más grande y en su puerta y con letras plateadas ponía Sra. Catlin y de ella vi salir a una muchacha que lucía una estupenda cazadora de cuero negra... recordé que era como la que me habían regalado mis amigos hacía ya un par de años. Como no tenía a donde ir, decidí seguir a la joven. Entró en una gran casa escondida tras unos enormes robles. En la puerta había aparcada una furgoneta de color negro de la que salía música... las notas del Stygmatta Martir de los Bauhaus, y de pronto salió de ella un chico de unos quince años, todo vestido de negro y tras él salió alguien con una larga melena color miel. Algo dentro de mi se revolvió... era aquel tipo del bar de la carretera.Se sentaron en la entrada de la casa y a los pocos minutos salió la muchacha de la cazadora y se sentó junto a ellos. Encendí mi coche y me largué de allí.
Encontré un motel al final de la calle mayor y descansé hasta que anocheció. Entonces salí de allí en busca de algo... sentía dentro de mi que en aquel lugar llamado Missing Mile iba a encontrar algo, algo que había estado buscando durante casi toda mi vida. De repente recordé a la joven de la cazadora y no podía dejar de pensar en que aquel tipo podría estar tocando su cuerpo, besando sus labios... Desee en aquel mismo instante ver a la joven delante de mí. Mientras paseaba oí música que salía de un local y decidí entrar, ya que no tenía nada mejor que hacer. En la puerta había un tipo con un pañuelo de color púrpura que le cubría su cabeza rapada. Iba de negro riguroso y lucía un abrigo de cuero largo hasta los pies. Me saludó y abrió la puerta. No pasó ni un segundo y noté la presencia de aquella hermosa muchacha, se encontraba sola en una mesa, justo delante de mí. Llevaba un jersey muy ajustado de color negro y tenía una hermosa melena pelirroja que le llegaba casi a la cintura. A su lado había una botella medio vacía y bebía, dando pequeños tragos, de una copa de cristal llena de Absenta.Me quedé absorto mirándola y ella debió notarlo, pues levantó ligeramente la cabeza y me miró fijamente. Levantó su copa e hizo un gesto como si brindara conmigo y me dedico una sonrisa. Algo dentro de mi me dijo que me acercara a ella y así lo hice. Fui hasta su mesa y me senté. Encendió un cigarrillo y tras llenar su copa me preguntó qué me había traído hasta Missing Mile. No supe que contestar... realmente llegué hasta ese pueblo sin ningún pretexto, simplemente llegué. Me contó que era un lugar tentador, pero demasiado fuerte para los forasteros. En aquel momento no entendí lo que me estaba diciendo... por lo poco que había visto, Missing Mile parecía un lugar hermoso y tranquilo. Perfecto para perderse y no querer ser encontrado jamás. Tal vez fue eso lo que me condujo hasta allí y por eso decidí quedarme.Poco a poco vi como ella se iba animando, me miraba con sus ojos verdes y sonreía. No paraba de hablar, me contó historias increíbles sobre Missing Mile, sobre la tienda de la señora Catlin (lugar que ella frecuentaba) dónde se vendían cosas fuera de lo normal, sobre la explanada que había detrás de la iglesia y sobre un sin fin de cosas. Entonces sentí el impulso de preguntarle por aquel tipo de la melena color miel. Así que le mencioné que antes de llegar al pueblo lo vi en un bar de la carretera. Me miró y se puso muy nerviosa, era como si estuviera atemorizada por lo que le había contado; encendió otro cigarrillo y le pidió al camarero que le volviera a traer otra botella de Absenta.A los pocos segundos dijo que era un tipo detestable y que mejor que no le conociera jamás. Que nunca me mezclara con él o con alguno de ellos, porque era peligroso. No sabía lo que quería decir con lo de ellos, pero pensé que tal vez no había para tanto.
Cuando terminó aquella segunda botella de Absenta salimos de aquel lugar. Era increíble, después de haberse bebido dos botellas de aquel estupendo licor no mostraba ningún síntoma de estar borracha... tan solo sus mejillas se habían sonrojado ligeramente. -¿A dónde te apetecería ir?.-me preguntó.
Como no conocía aquel lugar me dijo que fuéramos a su casa. Entramos en mi coche y por el camino no cesaba de hablar, parecía estar feliz y entonces yo también me sentí bien. Y de pronto fue como si la conociera de siempre... como si ya hubiera estado con ella en otro momento.-No te parece raro?.-me preguntó.-El qué?-Es como si tu y yo nos conociéramos de toda la vida. -I qué?-No sé... siento que tu y yo viviremos algo increíble.
Y se quedó pensativa mirando a través de la ventanilla del coche hasta que llegamos a su casa.Era una enorme mansión con unos jardines inmensos. Al estar escondida tras los robles no se apreciaba apenas la gran majestuosidad que aguardaba aquel lugar.Entramos en la casa y fuimos hasta una especie de salón que tenía una extraordinaria chimenea. El suelo era de mosaico blanco y negro y las paredes y el techo estaban adornadas con símbolos y dibujos un tanto extraños. En medio del salón habían unos cómodos sofás, nos sentamos en ellos y ella sirvió dos copas de Absenta. -Por cierto me llamo Ann.-dijo mirándome a los ojos.-Yo Tristan.-Es un nombre hermoso.
Nos quedamos en silencio, el uno junto al otro y sin decirnos nada. Tan solo fueron unos segundos, pero a mi me parecieron una eternidad. Entonces se cerró una puerta y alguien entró en el salón.Era aquel chico que había visto salir de la furgoneta. Iba con unos pantalones negros muy ajustados y sin camiseta. Toda su espalda estaba tatuada con tribales. Su cuerpo era extremadamente delgado y su cabello negro todavía acentuaba más la delgadez en su rostro. Tenía unos ojos grandes, pero los escondía tras los mechones de pelo que le caían en la cara. Encendió un cigarrillo y se sentó en un diván de madera que había en una de las esquinas del salón.-Qué haces Ann?.-preguntó el chico.-No lo ves?.-Llegará de un momento a otro.
No entendí lo que el chico decía, pero Ann parecía estar un poco nerviosa. Se levantó y fue hacia un gran armario que había en el salón y cogió una caja de madera de color verde. De ella sacó un pequeño trozo de papel secante impregnado con ácido, tenía un ohm dibujado de color liláceo. Me lo dio y me lo metí en la boca. De pronto me sentí confuso, no sabía donde estaba. Las imágenes se volvían borrosas y ella me miraba fijamente, todo sucedía a una velocidad extremadamente lenta y cada vez entendía menos lo que estaba sucediendo.Oscureció y los labios de Ann me besaron.
Desperté sin saber donde estaba. Sentí como los labios de Ann me habían besado y luego no recordaba nada... ¿y si había sido un sueño? No, no podía ser un sueño... yo había estado con ella en aquel bar y luego la había llevado en mi coche hasta su casa. Recordaba perfectamente el salón de aquella mansión y la peculiar olor que hacía allí dentro... pensé que aquella olor sería algo que no olvidaría jamás. Salí de mi habitación furioso, quería encontrar a Ann para que me diera una explicació sobre lo que habí sucedido la noche anterior. No querí pensar en que aquello tan solo habí sido un sueño y en que ella no sabía ni tan siquiera quien era yo... me sentí extraño, lo único que de verdad me atemorizaba era perderla. No podía creer que ya nunca más volvería a ver aquellos ojos tan increíbles...Llegué a su casa y vi la misma furgoneta negra aparcada en la puerta y volví a escuchar la misma canción de Bauhaus que el día anterior. De ella salieron el tipo de la melena color miel y aquel chico de la espalda tatuada y se sentaron en la entrada. A los pocos segundos salió Ann y se sentó con ellos. No entendía lo que estaba pasando... aquello ya lo había vivido antes... encendí el coche y salí de allí.Entré en una cafetería y pedí un café y un gran plato de tortitas con mucho caramelo. La camarera guardaba cierto parecido con la que había visto en el bar de la carretera la noche antes de llegar a Missing Mile. Estaba en la barra y no dejaba de mirar hacia la mesa donde estaba sentado. Empecé a sentirme incómodo... ¿y si todo era producto de mi mente y yo en realidad no estaba allí?Me estaba volviendo loco, lo único que quería en aquel instante era acabarme mi comida y salir de allí lo antes posible. Mientras pensaba en lo que iba hacer cuando saliera de aquel extraño pueblo, Ann entró en la cafetería y se sentó en mi mesa. Estaba increíblemente feliz y radiante. Me miró fijamente y casi pude ver dentro de sus ojos pequeños destellos de color esmeralda que intentaban embrujarme o algo así.
-Buenos días.-me dijo sonriente.La camarera se acercó y le sirvió una taza de café.
-¿Te sucede algo?.-preguntó.-Ann... ¿qué es lo que me está pasando?-¿A qué te refieres?-Es muy extraño... no entiendo...-Como ayer regresaste a casa.-Sí.-Con tu coche, claro.Y dio un gran trago a su taza de café, encendió un cigarrillo y siguió mirándome.
-Esto es real, ¿verdad?-Nunca te atrevas a preguntar eso...-Pero tu... tu y yo...-Tristan no lo hagas.-Pero no lo entiendo... no se lo que pasó ayer, no se quien eres, ni se quien es el tipo que vive contigo... no se lo que me hiciste anoche...Y Ann no respondió, se limitó a terminar su taza de café y se marchó haciendo un gesto con su mano para decirme adiós..
Me quedé allí sentado durante horas, pensando en si valía la pena quedarme para ver lo que iba a suceder o sería mejor marcharme de aquel lugar y regresar a mi casa. Aunque en mi casa no había nadie que me esperara, ni tan siquiera tenía a alguien que se preocupara por mi... me sentí insignificante, como si no existiera, cómo si no formara parte de esto. Como si tan sólo fuera una pequeña marioneta y Missing Mile una enorme casa de muñecas y alguien se estuviera divirtiendo a mi costa. Tal vez era lo que estaba sucediendo y Ann estaba haciendo de mi un sonámbulo que la siguiera a todas partes atemorizado por encontrarse con un tipo que lucía una estupenda melena color miel.Aquello era estúpido, no podía ser verdad, era un idea disparatada, pero desde que había llegado a aquel extraño lugar no había hecho más que tener dulces pesadillas en las que una hermosa pelirroja hacía de mi lo que le apetecía.
“Pócimas, extraños brebajes, objetos y substancias exóticas. Sra. Catlin” Y señora Catlin estaba escrito en letras fluorescentes con extraños dibujos dentro grabados en plata. En el escaparate había decenas de velas color crema y negro colocadas con cierta gracia encima de una estupenda tela de terciopelo rojo. también había pequeños frasquitos de cristal adornados con pedrería y plata forjados formando una perfecta y llamativa combinación. Mientras observaba curiosamente lo que había en el escaparate, la puerta se abrió y aquel chico de la espalda tatuada salió de ella. Se quedó delante mío y me observaba. Llevaba una cuchilla de afeitar colgada del lóbulo derecho y del otro un símbolo que no había visto jamás. -Quieres entrar?.-preguntó.-No gracias, solo estaba mirando.
Arqueó las cejas un par de veces como si fuera a decirme adiós y se fue caminando muy despacio calle arriba. No se porqué lo hice, pero corrí rápidamente tras aquel chico de aspecto debilucho y le cogí del brazo.-sabía que vendrías.-dijo.
Su respuesta todavía me desconcertó más, ¿Él también formaba parte del plan de Ann para volverme loco? Tal vez no fuera el plan de Ann, sino el del tipo de la melena color miel. -Escucha yo solo...-Tranquilo, no pasa nada. Anda entra.-me dijo dándome su delgada mano para que subiera a la parte trasera de la furgoneta.
Había un colchón mugriento y lleno de manchas de color marrón. también haba otras que casi eran de color negro y en una de las esquinas había una que era enorme y de color rojizo, esa parecía ser reciente. No sabía de qué podían ser aquellas manchas... tal vez de sangre, pero la olor que se desprendía de aquel colchón no era de sangre, sino de sangre mezclada con algo. Cuando ya llevábamos cinco minutos allí sentados y sin decir absolutamente nada, empecé a marearme y me entraron náuseas e intenté rápidamente bajar una de las ventanillas, pero no pude porque estaban clavadas.-Qué te ocurre?.-me preguntó el chico.-Nada...-Te apetece tomar algo?.-No gracias, yo no...-Anda bebe, esto te hará sentir mejor.-me dijo.
Y sacó de la parte delantera de la furgoneta una botella de cristal azul, le sacó el tapón y me la dio.-Qué es?-Bebe, te gustará.
Y le di un trago y luego otro y otro y otro hasta que perdí el conocimiento y me quedé tirado en aquella destartalada furgoneta negra con un chico de quince años de aspecto un tanto lúgubre.Abrí los ojos y mis manos abrazaban el frágil cuerpo de aquel muchacho, me asusté y le aparte bruscamente. Entonces él se despertó y me sonrió durante unos segundos.-Te lo has pasado bien Tristan, verdad que sí?.-dijo entusiasmado.-Que es lo que estás diciendo?-O vamos, no seas estúpido, sabes muy bien a lo que refiero. O es que ya no te gustan mis labios...-Cállate estúpido!!
Abrí la furgoneta y salí corriendo de allí dirigiéndome hacia el motel en donde me hospedaba. Subí las escaleras y cerré la puerta con llave. Mi corazón latía con tanta fuerza que creí que iba a explotar. Me estiré en la cama y todo empezó a dar vueltas, el techo se deformaba y la habitación empezaba a oscurecer. Algo en mi estómago se revolvió y salté de la cama corriendo, tenía náuseas... vomité algo de color rojo, una masa viscosa de sabor entre dulzón y amargo. volví hacia mi cama y cerré los ojos. Quería descansar, quería olvidar lo que había sucedido... aunque tampoco sabía lo que había sucedido... quise morirme en aquel mismo instante.
Mi mente se había vuelto loca, había llegado a tal extremo que casi no podía distinguir la realidad de la irrealidad. Paseaba por las calles de aquel extraño lugar y todo me parecía insólito, todo, la gente que pasaba a mi lado, los ojos que me miraban, los sitios a los que iba, las tiendas de la calle mayor, los jóvenes que había, el aire que respiraba... hasta yo mismo me encontraba raro. Era una sensación indescriptible, no sabía como explicarla porque jamás había sentido algo así... había momentos en los que me gustaba sentirme así porque era agradable existir sin saber como ni donde te encuentras en realidad, sin saber si lo que estás presenciando es real o no y sin saber si a quien amas existe o no.Soñaba con tener a Ann y entonces aparecía por cualquier parte con toda la normalidad del mundo, como si supiera lo que estaba pensando y entonces ella lo hacía. Cada vez que se acercaba a mi sentía como mi corazón se alborotaba y todo mi cuerpo se estremecía, era una sensación muy agradable... sentía por Ann algo que no había sentido por nadie. Verla me hacía enloquecer.Una noche estaba en el motel, sentado en un sillón mirando hacia la calle. Era una noche preciosa y Missing Mile estaba gozando de ella. Podía oír las voces de la gente que estaba paseando tranquilamente, percibía hasta el sonido de la suave brisa que vagaba de un lado a otro haciendo de esa noche algo infinitamente hermoso.Me quedé fíjamente mirando hacia el cielo, era oscuro y casi no había estrellas. Deseé con todas mis fuerzas poder llegar hasta él y poder rozarlo con mis manos. De pronto ví una silueta dibujada en él que poco a poco se acercaba a mi. Tenia los cabellos largos y sus ojos se iluminaban. Por un momento creí estar soñando, cerré los jojos un par de veces con mucha fuerza y al abrirlos aquella silueta se había convertido en Ann y estaba delante de mi. Se acercó lentamente sonriéndome y acarició con sus delgadas manos mi rostro. Sentí un escalofrío y ella besó mis labios tierna y cálidamente. Volví a cerrar los ojos otra vez y al abrirlos Ann nos estaba, se había desvanecido.
Pasaban los días pero el tiempo, para mi, parecía haberse detenido. No sabía exactamente cuanto llevaba en aquel lugar, pero tal vez era toda una eternidad y yo ni tan siquiera me había dado cuenta. Era extraño, porque no recordaba como había sido mi vida antes de llegar a Missing Mile ni tampoco recordaba como había llegado hasta allí. No sé, era como si hubiera estado allí desde el principio. Desde el mismo momento en que había empezado a existir y mi vida empezaba la cuenta atrás hasta mi muerte. A veces pasaba horas y horas examinando el pueblo queriendo encontrar algún indicio que me ayudara a comprender aquella absurda situación, pero cuando lo hacía todo parecía tan normal que terminaba rindiéndome. Entonces me iba en busca de Ann para que me diera alguna explicación y ella hacía como si no me escuchara y me hablaba de otras cosas que yo ni tan siquiera encontraba interesantes. Ella me sonreía y me cogía de la mano y me decía que no le diera mas vueltas y que pensara en otras cosas. Porque si no lo hacía acabaría volviéndome loco. Tal vez ya lo empezaba a estar.
Desperté asustado y sudoroso, mi palpitar se había acelerado y casi no podía respirar. Me encontraba en casa de Ann. Estaba estirado en su cama y ella estaba sentada a mi lado observandome con mucha tranquilidad. Pasó sus dedos por la comisura de mis labios y me besó. -Te quiero...
De pronto una lágrima se deslizó por sus pálidas mejillas y desde aquel mismo momento jamás volvió a sonreirme. No sabía por que razón la tristeza se apoderó de ella, no sabía por que razón nunca más volvió a ser la misma persona. Había quedado sepultada bajo una sombra que la había encerrado para siempre. En aquel instante sentí como si la hubiera perdido.-No cierres los ojos Ann.
Parecía estar asustada, su mirada era aterradora. Era como si quisiera dormirse para poder desaparecer de mi lado.-Ann que sucede?-No puedo amarte, sabes?
No comprendía aquellas palabras... yo sentía por ella algo muy especial, ni siquiera yo mismo lo entendía porque era una sensación increíble. Sabia que ella sentía lo mismo... aunque tal vez me estaba engañando y ella amaba a aquel tipo de la larga melena color miel.-¿Por qué?-Si te amo... dejaré de existir.
Qué quería decir con eso, que moriría... no, no podía ser.-No puedo quererte... no puedo porque si lo hago... moriré.-Qué?-Debes irte.
Me levanté de la cama enfurecido, no entendía sus palabras. No sabía lo que me estaba diciendo. Me acerqué a la ventana y ví a lo lejos al tipo de la melena color miel mirando hacia mi y sonriendo. Cuando quise girarme para hablar con Ann había desaparecido y yo estaba en mi habitación del motel. Sentí algo detrás de mi, la presencia de alguien, notaba su respiración en la nuca y una gran fuerza me lanzó contra la pared y caí en el suelo. Un fino hilillo de sangre brotó de mi frente. Levanté la cabeza para ver quien era y vi al tipo de la melena mirándome enfurecido, se acercó a mi rápidamente y volvió a lanzarme por lo aires y caí encima de la cama. Se reía, disfrutaba haciéndome daño y yo no sabía como defenderme. Aquel tipo tenía una fuerza descomunal. Volvió a acercarse y empezó a golpearme con furia, me fui debilitando cada vez más hasta que creí que iba a morirme. Entonces paró y me susurró al oído que nunca más volviera a estar con Ann. Creo que en aquel mismo instante me desmayé.
Estaba amaneciendo, una suave brisa acariciaba mi rostro y sentí el impulso de abrir los ojos, pero no podía porque pesaban demasiado. Como si alguien los estuviera apretando para que yo no los pudiera abrir. -Tristan... marchate.
Era Ann, pero yo no podía verla, no podía abrir los ojos. intenté ponerme en pie pero tampoco podía moverme. -No puedo irme, estoy demasiado implicado en esto y no pienso dejar que te marches de mi lado.-Debes hacerlo... por mi, por nosotros.
Y se marchó, pues no volví a a oír su voz. Pude abrir los ojos y me incorporé. No sabía donde me encontraba, aquella ya no era la habitación del motel... Dios, era mi casa!! Como demonios había ocurrido aquello?Salí de casa corriendo, el ruido de la ciudad empezaba a molestarme mucho y toda aquella gente de un lado a otro sin parar me estaba poniendo muy nervioso. Cogí el coche intentando volver a Missing Mile. Hice el mismo recorrido que aquella primera vez, pero no lo encontraba. Di infinitas vueltas y aquel lugar ni tan siquiera parecía existir. Paré en una cafetería y pregunté si alguien conocía aquel lugar, pero nadie lo sabía. Empecé a creer que aquello había sido un sueño, aunque demasiado real.
Habían pasado unas semanas y mi vida era angustiosa. Todo había terminado para mi. Ni tan siquiera quedaba una gota de vida en mi interior que me diera fuerzas para seguir viviendo. No podía aferrarme a la idea de que Ann jamás había existido. Deseaba verla, intentaba imaginarla a mi lado, mirándome con sus hermosos ojos verdes, con su rostro casi cadavérico diciéndome que me quería, pero abría los ojos y ella no aparecía por ninguna parte... me había dejado un enorme vacío en mi corazón y pensé que jamás nadie podría volver a llenarlo.
-Tristan háblame...Era la voz de ella susurrando en medio de la noche...Me había ido al cementerio, estaba en las afueras de la ciudad. era inmenso y sus jardines me recordaban a la casa de Ann. Estaba estirado encima de una alfombra que se había ido formando poco a poco por capas de ojas anaranjadas que habían caído durante aquel otoño. Las lápidas frías parecían estar aguardando algo, un silencio sepulcral había invadido el lugar y yo sentía estremecerse mi pequeño corazón, como si alguien lo estuviera estrujando y quisiera arrebatarme el último suspiro de vida que quedaba dentro de él.Abrí los ojos y encontré el rostro de Ann sonriéndome y se abalanzó sobre mi besando mis labios. Quise abrazarla pero no pude... no era de verdad... era... no era ella, tal vez su alma, su esencia o lo que fuera que se había aparecido ante mi, pero no era real... no podía sentir que ella estaba a mi lado.Me miraba y sonreía, pero sus ojos estaban tristes. Volví a cerrar los ojos y me encogí todo lo que pude, cogí mis piernas y las apreté contra mi cuerpo con mucha fuerza. Quería morirme.
Las inmensas paredes de la mansión habían adquirido un tono amarillento, como si se estuvieran pudriendo. Los cristales habían acumulado una fina capa de polvo que no dejaba ver lo había en el exterior. En la chimenea había montoncitos de cenizas que no habían sido recogidas en semanas. Hacía un olor extraño, a hedor, como si hubiera algo muerto... tal vez el cuerpo de una persona que se había quedado atrapada en aquella especie de castillo misterioso, como el que había en la feria de los carnavales. Se oía una tímida melodía por todos los rincones y su surros de voces. Eran las voces de un tipo con una larga melena de color miel y de un chico de quince años con la espalda tatuada. Parecían estar discutiendo, pero el tono de sus voces no era agresivo, más bien era aterrador. Como si tuvieran miedo de algo... tal vez algo que se había muerto y les pertenecía.En una de las habitaciones había una especie de lecho adornado con decenas de velas blancas, todo estaba recubierto por pétalos de rosas moradas y sobre una tela de raso negro yacía el cuerpo de una hermosa joven pelirroja. La única luz que había en aquel aposento era la de las velas que se reflejaban en el rostro de la muchcha iluminando su extremada palidez. Los dos muchachos estaban delante del cuerpo muerto de la chica y observaban en silencio. No parecían estar tristes, se miraban entre ellos y sonreían... ninguna lágrima se escapaba de sus ojos.
-Esto se acabó. Tendremos que irnos a otra parte... encontrar a alguien que sustituya a Ann y volver a nacer...Estas fueron las últimas palabras del tipo de melena color miel y desaparecieron para siempre para volver a acomodarse una vez más en el interior de los sueños de alguien que estuviera cansado de su propia vida.El cuerpo de la joven fue poco a poco desintegrándose hasta convertirse en polvo y luego voló dejando en la atmósfera una fragancia dulce, exquisita digna de alguien realmente sorprendente.
Estaba cansado, casi no me mantenía en pie, pero tenía la esperanza de que Ann regresaría a mi lado algún día y por esa misma razón no quise morirme. Por las noches frecuentaba todo tipo de locales nocturnos en lo que había gente de todo tipo. Tal vez intentaba encontrarla entre la multitud, pero nunca la veía, ella nunca estaba allí. Como si se escondiera de algo... algo que podía dañarla.Volvía ya hacia mi casa, iba dando tumbos por una calle que estaba totalmente desierta. No se oía el más mínimo riudo. La ciudad estaba durmiendo y yo intentaba llegar a mi casa con la mente totalemnte embriagada de pensamientos sazonados con otras sustancias no legalizadas por las autoridades. No recuerdo cuando fue exactamente, pero noté como álguien estaba siguiéndome, noté sus pasos detrás de mí y en pocos segundos percibí el olor de Ann, me giré rápidamente y allí estaba con sus hermosos ojos verdes y su larga cabellera pelirroja.
-Hola Tristan.Se acercó y me besó. Me miraba como si intentara decirme algo, pero no lo hacía. Estaba abrazada a mi y tan solo sonreía con sus labios color morado. Había soñado muchas veces con aquel instante y decidí no despreciarlo pensando en cosas extrañas, así que nos fuimos hasta mi casa. Quería que me dijera que era lo que había ocurrido, porque había desaparecido... quien era en realidad, que es lo que quería de mi, de mi vida... pero ella no me decía nada simplemente me abrazaba y besaba todo mi cuerpo como si aquella fuera a ser la última vez que iba a estar junto a mi.Le dije que nunca más volviera a desaparecer de mi lado y entonces se quedó quieta y sus labios temblaron.No quería que aquella noche terminara, quería que fuera para siempre... pero presentí que no iba a ser así. Ann se estiro a mi lado y me miró fijamente, las lágrimas se deslizaban por sus mejillas y su respiración cada vez era más débil. La besé y noté como su palpitar había cesado.
-Noooo!!!!!!!!!!!!!!
¿Por qué cuando crees haber encontrado a alguien especial, desaparece? Tan solo hacía unos meses que Ann había muerto... nadie se explicaba la razón de su muerte, los médicos dijeron que fue de muerte natural, pero yo sabía que no era así... ella había muerto de amor. Por mi culpa había dejado de existir. Por quererme su corazón ya no latía y sus ojos verdes ya no volverían a ambrujarme nunca jamás. Lo más extraño era que Ann no figuraba en ninguna parte, como si no existiera... nadie sabía quien era... no aparecía en ningún registro. Era como si hubiera salido de la nada para enamorarse de mi y luego morir en mis brazos dejándome un vacío imposible de reemplazar por nada y por nadie.Juré que nunca olvidaría a Ann y que siempre tendría ganas de perderme en la carretera para poder encontrar un lugar llamado Missing Mile y allí toparme con una pelirroja imponente que me seduciría a base de experiencias demasiado irracionales.
Eran las cinco de la madrugada y hacía mucho frío. Tenía los labios casi morados y el aire que acariciaba mi rostro era como una cuchilla que rasgaba una y otra vez mi piel. Creí que no llegaría a mi casa y que me quedaría tirado en alguna esquina congelado por el frío.
-Tristan.-dijo alguien.Era aquel tipo de la melena color miel acompañado por aquel muchacho de la espalda tatuada. Me miraron con furia y de pronto se avalanzaron los dos sobre mi y golpearon mi cabeza hasta que me hicieron perder el sentido.Desperté sin saber lo que había sucedido. Oí un ruido, como si alguien estuviera merodeando por mi casa e intenté ponerme de pie para saber quien era, pero no pude. Un liegro mareo hizo que volviera a estirarme en la cama.Recordé las miradas de aquellos tipos y deseé no volver a saber nada de ellos nunca jamás, quería perderme entre las sábanas de mi cama y quedarme allí para siempre.
-Tristan...

Era la voz de Ann que susurraba dentro de mi cabeza... aparté las sábanas rápidamente para ver si estaba allí, pero no podía ser... ella estaba muerta.

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