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FRAGMENTO DE MI NOVELA LITTLE PLEASURE - CAPITULO 5, OTOÑO UN AÑO DESPUÉS.
Posted by criscarmona
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8:46
La tarde había cubierto el paisaje de tonos anaranjados. Había llegado el otoño y los árboles tenían hojas marrones, rojas y naranjas que a medida que caían al suelo iban formando una alfombra confortable y hermosa por la que Lorelei paseaba una y otra vez sintiendo el crujir de las hojas. Le gustaba esa sensación.
Perfume otoñal que la envolvía cada tarde cuando se paseaba por los puestos de fruta que se vendían en la calle principal del pueblo. Le gustaba sentir aquel perfume afrutado con olor a manzanas, moras, calabazas y uvas moradas. Un festival de colores y olores que deleitaban sus sentidos.
Más adelante había la tradicional feria que se organizaba cerca de la carretera. Era una feria bonita, pequeña pero hermosa, que invitaba a pasear entre sus tiendecitas para seducir a la gente con productos extravagantes que durante todo el año no se podían encontrar en ningún otro lugar.
Lorelei paseaba por aquellos callejones artificiales, aquel laberinto de colores inusuales cargado de gente dando voces y mostrando sus mejores encantos para hacer que compraran algún objeto. Se detuvo delante de uno de aquellos tenderetes y estuvo hablando durante unos minutos con un chico de aspecto ridículo que lucía una especie de túnica de color celeste y el pelo adornado con mil trenzas minúsculas terminadas con diminutas bolitas de colores. Coqueteaba con él, se mostraba encantadora y sonreía todo el rato hasta que se marchó de allí.
Lorelei se sentía bien aquella tarde, le gustaba el otoño. Le gustaba aquella época del año, le gustaban los colores del otoño, la temperatura agradable, los mantos de hojas secas que todo lo cubrían, la fiesta de Halloween todo lo que ocurría durante el otoño siempre la había cautivado y era cuando más feliz se sentía.
Se movía ondulante ante todos los que la rodeaban, provocadora de miradas insinuantes. Y ella sabía de sobras que la miraban, que era el centro de atención, pero no hacía el menor caso a lo que ocurría a su alrededor.
Terminó su paseo por la feria y desapareció por una calle cargada de bolsas y paquetes que contenían tesoros únicos para ella y baratijas para los demás.
Con el tiempo se había convertido en una persona totalmente diferente. Ya no era una niña temerosa, ahora era Lorelei una mujer hecha y derecha, fuerte y segura de si misma. Se sentía poderosa, capaz de hacer cualquier cosa.
Le gustaba que la miraran al pasar por la calle, al entrar en cualquier lugar o mientras trabajaba al lado de Alexander. Le gustaba sentirse deseada, eso la transformaba completamente. Se volvía provocadora y juguetona volviéndose aún más deseable para quienes la tenían cerca.
Alexander adoraba a Lorelei. Había llegado a enamorarse de ella, pero sabía perfectamente que tarde o temprano Lorelei desaparecería.
Cada día cuando se levantaba, lo primero que hacía era entrar en la habitación de Lorelei para ver si estaba en su cama. Cuando la encontraba hecha un ovillo envuelta entre las sábanas, su corazón se aceleraba y una sensación de tranquilidad invadía su cuerpo dejándole respirar otra vez. Entonces se acercaba despacio hasta la cama y se sentaba en una de las butacas y la observaba mientras dormía. Le gustaba mucho mirarla. Siempre le pareció que Lorelei era un ángel, era perfecta.
Tenía el cabello negro y brillante y siempre olía a flores, era largo y ondulado hasta la cintura. Alguna vez lo recogía en una trenza que mezclaba con flores, entonces parecía un hada. Su piel era muy blanca y suave, no le gustaba el sol, nunca se exponía al sol ni siquiera en verano. Cuando paseaba en verano siempre buscaba las calles que tenían sombra para que su blanca piel no cambiara de tono. A Alexander aquella curiosa manía le parecía graciosa, pero para Lorelei era importante.
Siempre cubría sus ojos azules con toneladas de maquillaje oscuro haciendo resaltar su blanca palidez y sus labios, sus hermosos labios que tantas veces había probado estaban pintados de un rojo intenso que recordaba al color de la sangre.
Lorelei era preciosa, era hermosamente seductora y su cuerpo perfecto vestía con trajes negros con encajes resaltando su belleza.
Alexander nunca creyó que algún día podría llegar a perder la cabeza por alguien como Lorelei, y menos aún por alguien bastante más joven que él.

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